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jueves, 11 de diciembre de 2008

Los puertorriqueños y EE UU como país multiétnico

Image and video hosting by TinyPic Maurice A. Ferré 09 de diciembre de 2008 Me extrañó la observación de mi amigo Juan Manuel García Passalacqua en su artículo en El Vocero de Puerto Rico del 13 de noviembre, de que yo presagié que el presidente electo Barack Obama ha prometido resolver el status de Puerto Rico antes del 2012 en un Estados Unidos posétnico. En mi artículo del 8 de noviembre, El Vocero cambió una pregunta y la convirtió en exclamación, y así cambió mi sentido completamente. El mismo artículo se publicó correctamente en El Nuevo Herald (Miami), y dice “Al ganar la presidencia de EE UU Obama pasó nuestro país de ser país posracial a uno encaminado a ser un país posétnico. ¿Qué importa un país multicultural en este nuevo esquema global?” Con todo y eso (el error de redacción del Vocero), el amigo Juanma hace su comentario crítico a sabiendas de mi firme convicción por más de 30 años sobre EE UU como futuro país multicultural y multiétnico. Y si no, que lea el resto del artículo mío que recalcó mi parecer claramente. Lo repito hoy a los lectores por su importancia al tema de la posible futura estadidad de Puerto Rico, en la que sigo fervientemente creyendo. Estados Unidos es un país en continua transformación y constante mejoramiento, la perfección de la Unión, como dice Obama. Entre las mejoras está la definición de quien, es de facto, aceptable como americano. En el pasado de EE UU hubieron momentos en los que existían esclavos, luego separación en las escuelas por raza, y negación al voto por falta de educación, por ser mujer o negro. Todo esto se ha superado. No digo que está justificado el trato pasado a los indígenas en sus tierras origínales o en las reservaciones o que fue correcto el territorio mejicano que en varias ocasiones terminó como territorio estadounidense, o el confinamiento de los japoneses en California durante la Segunda Guerra Mundial. Ni se justifica la tortura de terroristas musulmanes en Guantánamo. Pero ya vemos el rechazo total de tortura como solución en la nueva administración de Obama. ¡Cambio! El tema ahora de la definición de quién y qué es un estadounidense nuevamente viene a la palestra. Concierne la posible estadidad de Puerto Rico. Yo creo que la iniciativa es de Puerto Rico. El consentimiento de los gobernados es esencial y luego el Presidente Obama y el Congreso 111º o el 112º tendrán que elaborar el tema dentro de este marco. Mi amigo García Passalacqua, repite semanalmente que EE UU llegó unilateralmente a Puerto Rico en el 1898 y que saldrá unilateralmente de Puerto Rico. Tampoco cree Juanma en la importancia de la voluntad del pueblo de Puerto Rico, que Washington ha ignorado por 110 años. Nuestra diferencia es que yo creo que el día más importante para Puerto Rico, en esta relación asimétrica con EE UU, fue el 2 de marzo del 1917, cuando Woodrow Wilson firmó el acta congregacional que le dio a los entonces más de un millón de puertorriqueños la ciudadanía americana. Ahora somos 8 millones. Los de acá (Florida) tarde o temprano, en tres o cuatro generaciones nos asimilaremos. Ya la gran mayoría de los de la cuarta generación en Nueva York no hablan español ni tienen patrones culturales puertorriqueños. Serán hispanos o latinos, pero sus nietos simplemente serán norteamericanos de herencia latina. Cada diez años el 10% se casan con personas no puertorriqueñas. Teóricamente en cien años todos se habrán casado con personas de diferentes ascendencias. Los puertorriqueños de Puerto Rico siempre serán puertorriqueños, no importe el pasaporte que tengan o el estatus político de la Isla. Y eso incluye la estadidad federada. De la misma forma que los catalanes tendrán pasaporte español y representación en las Cortes de Madrid, pero hablan catalán en Barcelona, tienen su propia cultura e identidad. Hasta los andaluces que viven en Cataluña, y son más del 30% de esa población, hablan catalán y muchos son independentistas. No creo que mucho de los puertorriqueños de la Isla hayan aceptado esta realidad de la identidad puertorriqueña. De su parte, los del Congreso tienen que aceptar que no es justo que a casi 4 millones de ciudadanos americanos, que viven en un territorio estadounidense de 110 años, no tengan el derecho de seleccionar su status político, especialmente si la gran mayoría, según las encuestas y los recientes resultados electorales, indican ahora que seleccionarían la estadidad en un plebiscito. Lo del anexionismo es relativo. Ya EE UU anexionó el territorio en 1898 y anexiono al pueblo en el 1917. El problema es que esos ciudadanos son de segunda clase pues no tienen representación votante en el Congreso ni seleccionan su presidente. Puerto Rico es pertenecía de pero no parte de EE UU. Si los votantes estadounidenses de Puerto Rico seleccionaran la estadidad en el 2010, ¿cómo en buena fe le negaría el 112º Congreso ese derecho a la estadidad a esos 4 millones de ciudadanos, aunque sea en español? García Passalacqua cree que el Congreso nunca aceptaría un estado hispano. Pero García decía que Estados Unidos nunca aceptaría un negro de presidente. También se equivocó, y lo reconoce, cuando dijo que los 8 millones de puertorriqueños somos “un pueblo”. Mis nietos y los nietos de Juanma, que viven acá, nos hablan en ingles y no saben lo que es una plena o porque la mancha de plátano nos sale. Ya los nuevos gobernantes de Puerto Rico: Luis Fortuño, Pedro Pierluissi y Kenneth McClintock han dicho que las elecciones del 4 de noviembre no fueron un referéndum sobre el estatus. Lo demás es pataleo. Sea como sea, el Congreso de EE UU no va a unilateralmente decidir el futuro de Puerto Rico sin que Puerto Rico hable primero. Lo que el momento requiere es la perseverancia y la insistencia del nuevo gobierno de la Isla de que se resuelva el estatus de Puerto Rico en este cuatrienio. En Barack Obama, Puerto Rico tendrá un amigo que intelectualmente y emocionalmente entiende que EE UU está entrando en una nueva etapa en donde el país se proclamara multicultural y multiétnico sin abandonar la Constitución de EE UU y mucho menos la base estructural de la tradición norteamericana. Es la clara evolución de EE UU a su próximo nivel del Credo Americano y del Sueño Americano. Obama lo entiende. García Passalacqua lo entiende, aunque no lo acepta. Requiere un reajuste del Sueño Puertorriqueño, aunque no del Credo Puertorriqueño. Ese es el cambio que viene.

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