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miércoles, 7 de mayo de 2008

Definiciones de Hoy

Image and video hosting by TinyPic **(((((**CAPITALISMO**)))))** El capitalismo es un sistema económico surgido en Europa en el siglo XVI y concebido principalmente al menos de tres formas diferentes dependiendo del énfasis en la consideración de ciertas características como determinantes o intrínsecas respectivamente políticas, culturales y sociales, debido a lo cual las definiciones no se excluyen mutuamente por necesidad. En cada caso existe una referencia en el origen etimológico de la palabra "capitalismo" a la idea de capital, y estas referencias son codependientes: quienes crean o adquieren capital permanecen como sus propietarios (capitalistas) durante el proceso de producción, la acumulación de capital es el eje central de la vida económica, y tanto el interés como la renta del capital predominan económicamente como trabajo acumulado por encima del trabajo a destajo. Estas definiciones serían: * El régimen económico en el cual la titularidad de los medios de producción es privada, entendiéndose por esto su construcción sobre un régimen de bienes de capital industrial basado en la propiedad privada. * La estructura económica en la cual los medios de producción operan principalmente en función del beneficio y en la que los intereses directivos se racionalizan empresarialmente en función de la inversión de capital y hacia la consecuente competencia por los mercados de consumo y trabajo asalariado. * El orden económico en el cual predomina el capital sobre el trabajo como elemento de producción y creación de riqueza, sea que dicho fenómeno se considere como causa o como consecuencia del control sobre los medios de producción por parte de quienes poseen el primer factor. Salvo en su específica combinación ninguna de las siguientes características es exclusiva del capitalismo: la motivación basada en el cálculo costo-beneficio dentro de una economía de intercambio basada en el mercado, el énfasis legislativo en la protección de un tipo específico de apropiación privada (en el caso del capitalismo particularmente lockeana), o el predominio de las herramientas de producción en la determinación de las formas socioeconómicas. Así, sólo el conjunto codependiente de tales características puede ser considerado un sistema capitalista, organizativamente en torno a las relaciones sociales que produce en determinados espacios, independientemente se vea de forma favorable o no, sería: * El sistema económico en el cual las relaciones sociales de producción y el origen de la cadena de mando -incluyendo la empresaria por delegación- se establece desde la titularidad privada y exclusiva de los accionistas de una empresa en función de la participación en su creación en tanto primeros propietarios del capital. La propiedad y el usufructo queda así en manos de quienes adquirieron o crearon el capital volviendo interés su óptima utilización, cuidado y acumulación, con independencia de que la aplicación productiva del capital se genere mediante un trabajo colectivo y conjunto, material e inmaterial, por cada uno de los actores de la misma empresa. Por extensión se denomina capitalista a la clase social más alta de este sistema económico ("burguesía"), o bien a la forma común que tendrían los intereses individuales de los propietarios de capital en tanto accionistas y patrones de empresas; también se denomina capitalismo a todo el orden social y político (legislación, idiosincrasia, etc.) que orbita alrededor del sistema y a la vez determina estructuralmente las posibilidades de su contenido. Para definir al capitalismo es necesario definir sus principios básicos, ya que si bien existe un consenso sobre su definición, este es de un nivel muy básico y suelen confundirse las características atribuidas al capitalismo (algunas suelen ser erróneas) con el capitalismo como sistema. Una de las interpretaciones más difundidas es la de que en el capitalismo, como sistema económico, predomina el capital sobre el trabajo como elemento de producción y creador de riqueza. El control privado de los bienes de capital sobre otros factores económicos tiene la característica de hacer posible negociar con las propiedades y sus intereses a través de rentas, inversiones, etc. Eso crea el otro distintivo del capitalismo que es el beneficio o ganancia como prioridad en la acción económica en función de la acumulación de capital que por vía de apropiación lockeana puede separarse del trabajo asalariado. En las democracias liberales se entiende muchas veces el capitalismo como un modelo económico en el cual la distribución, la producción y los precios de los bienes y servicios son determinados en la mayoría de las veces por alguna forma de libre mercado. Ciertas corrientes de pensamiento discuten si esta es la definición exacta de capitalismo o si sólo se trataría de una de sus características (necesaria para el marxismo, contingente para la socialdemocracia, y aparente para el mutualismo). Generalmente, el capitalismo se considera un sistema económico en el cual el dominio de la propiedad privada sobre los medios de producción desempeña un papel fundamental. Es importante comprender lo que se entiende por propiedad privada en el capitalismo ya que existen múltiples opiniones, a pesar de que este es uno de los principios básicos del capitalismo: otorga influencia social a quienes detentan la propiedad de los medios de producción (o en este caso el capital), dando lugar a una relación jerárquica de funciones entre el empresario/patrón y el obrero/asalariado. Esto crea a su vez una sociedad de clases estratificadas en relación con el éxito económico en el mercado de consumo, lo que influye en el resto de la estructura social según la variable de capital acumulada; por tal razón en el capitalismo la clase social dominante suele ser la burguesía. Sobre la propiedad privada, el capitalismo establece que los recursos invertidos por los prestadores de capital para la producción social, deben estar en manos de las empresas y personas particulares que los adquieran. De esta forma a los particulares se les facilita el uso, empleo y control de los recursos que utilicen en sus labores productivas, de los que, a fines empresariales, podrán usar como mejor les parezca. La libertad de empresa propone que las empresas sean libres de conseguir recursos económicos y transformarlos en una nueva mercancía o servicio que será ofrecido en el mercado que éstas dispongan. A su vez, son libres de escoger el negocio que deseen desarrollar y el momento para entrar o salir de éste. La libertad de elección se aplica a las empresas, los trabajadores y los consumidores, pues la empresa puede manejar sus recursos como crea conveniente, los trabajadores pueden realizar un trabajo cualquiera que esté dentro de sus capacidades y los consumidores son libres de escoger lo que desean consumir, buscando que el producto escogido cumpla con sus necesidades y se encuentre dentro de los límites de su ingreso. Competencia se refiere a la existencia de un gran número de empresas o personas que ofrecen y venden un producto (son oferentes) en un mercado determinado. En dicho mercado también existe un gran número de personas o empresas, denominadas consumidores (también llamados demandantes), las cuales, según sus preferencias y necesidades, compran o demandan esos productos o mercancías. A través de la competencia se establece una "rivalidad" o antagonismo entre productores. Los productores buscan acaparar la mayor cantidad de consumidores/compradores para sí. Para conseguir esto, utilizan estrategias de reducción de precios, mejoramiento de la calidad, etc. El capitalismo se basa ideológicamente en una economía en la cual el mercado predomina, esto usualmente se da, aunque existen importantes excepciones además de las polémicas sobre qué debe ser denominado libre mercado o libre empresa. En éste se llevan a cabo las transacciones económicas entre personas, empresas y organizaciones que ofrecen productos y las que los demandan. El mercado, por medio de las leyes de la oferta y la demanda, regula los precios según los cuales se intercambian las mercancías (bienes y servicios), permite la asignación de recursos y la distribución de la riqueza entre los individuos. Cada uno de los actores del mercado actúa según su propio interés; por ejemplo, el capitalista, quien posee los recursos y el capital, busca la maximización del beneficio propio por medio de la acumulación y reproducción de los recursos, del capital; los trabajadores, quienes trabajan por la recompensa material que reciben (el salario) y, por último, los consumidores, quienes buscan obtener la mayor satisfacción o utilidad adquiriendo lo que quieren y necesitan al menor precio posible. La doctrina política que históricamente ha encabezado la defensa e implantación de este sistema económico y político ha sido el liberalismo económico y clásico del cual se considera sus padres fundadores a John Locke, Juan de Mariana, Adam Smith y Benjamin Franklin. El pensamiento liberal clásico sostiene en economía que el gobierno debe reducirse a su mínima expresión. Sólo debe encargarse del ordenamiento jurídico que garantice el respeto de la propiedad privada, la defensa de las llamadas libertades negativas: los derechos civiles y políticos que dependen de los recursos obtenidos por medios privados, el control de la seguridad interna y externa por medio de las fuerzas armadas en conjunto con la policía, y eventualmente la implantación de políticas que se considerasen indispensables para el funcionamiento de los mercados, ya que la presencia del Estado en la economía perturbaría su funcionamiento. Sus representantes contemporáneos más prominentes son Ludwig von Mises y Friedrich Hayek por parte de la llamada Escuela de Viena de economía; George Stigler y Milton Friedman por parte de la llamada Escuela de Chicago. Ambas han entrado en la controvertida categorización de neoliberalismo. Existen otras tendencias dentro del pensamiento económico que asignan al Estado funciones diferentes. Por ejemplo los que adscriben a lo sostenido por John Maynard Keynes, según el cual el Estado puede intervenir para incrementar la demanda efectiva evitando las crisis cíclicas. También se puede mencionar a los politólogos que dan al Estado y a otras instituciones un rol importante en controlar las deficiencias del mercado (una línea de pensamiento en este sentido es el neoinstitucionalismo) -------------------------------------------------------- **(((((**SOCIALISMO**)))))** El socialismo es una ideología política que designa aquellas teorías y acciones políticas que defienden en principio un sistema económico y político, basado en la propiedad o posesión democrática de los sistemas de producción y su control administrativo por parte de los mismos productores o realizadores de las actividades económicas (trabajadores) y del control democrático de las estructuras políticas civiles por parte de los ciudadanos. Por ello normalmente el socialismo se asocia a la búsqueda del bien colectivo, al desarrollo en cooperación e incluso la igualdad social, eso sí, las definiciones de estos aspectos del socialismo pueden variar drásticamente. En resumen apoderar a quienes realizan la vida social y economía de una sociedad en lugar de darle poder sólo a aquellos que las puedan comprar o concentrar el control de ella (e incluso elaborar mecanismos para evitarlo de raíz), de ahí su carácter originalmente anticapitalista. En principio es a esto a lo que en el siglo XIX, en el contexto de un proceso de proletarización masivo producido por el ascenso del capitalismo industrial, se denominó movimiento socialista y en algunos lugares movimiento de reforma del trabajo. Es un término político, que permanece fuertemente vinculado con el establecimiento de una clase trabajadora organizada, creada ya sea mediante revolución o evolución social o mediante reformas institucionales, con el propósito de construir una sociedad sin clases estratificadas o subordinadas unas a otras. La radicalidad del socialismo no se refiere tanto a lo métodos para lograrlo sino más bien a los principios que se persiguen. En la práctica el significado de facto del socialismo ha ido cambiando con el transcurso del tiempo. Muchos de los denominados socialistas derivaron históricamente en la búsqueda de instaurar un Estado obrero organizado de abajo hacia arriba (en oposición al Estado de clase, organizado de arriba hacia abajo), de los sectores económicos y políticos para evitar (parcial o completamente) que una minoría de los ciudadanos poseedora de los medios de producción (burguesía) pueda ejercer la explotación a la mayoría de los ciudadanos obreros de la producción. Otros mientras tanto continuaron rechazando la vía del control estatal considerando que el capitalismo sólo era posible gracias al poder impositivo o la coacción que garantiza privilegios legales sobre la propiedad a quienes tienen el favor del poder estatal y continuaron reivindicando el significado básico y original del socialismo como "medios de producción en poder de los productores", de todas formas durante el siglo XX ésta se convirtió en una opción socialista minoritaria y heterodoxa. La ideología con que muchas veces se relaciona en la actualidad al sistema del socialismo es la socialdemocracia, ya que trata de reducir las diferencias económicas entre clases; para ello los países basados en estas ideologías socialistas tienen medidas para redistribuir la riqueza; las personas de clase alta (personas que poseen más riquezas/dinero que la media) se les requiere pagar impuestos más altos que a la media de las personas de ese país, con el fin de distribuir la riqueza en la sociedad y ofrecer o facilitar oportunidades que individuos de clase baja no podrían tener. Razón por la cual en la actualidad la mayoría del "socialismo" y de esta palabra se identifica con los postulados socialdemócratas, incluso por parte de corrientes clásicamente asociadas al movimiento socialista que ante la parcial asimilación de la palabra "socialismo" por la socialdemocracia dudan, evitan o rechazan denominarse de esa manera. http://es.wikipedia.org/

De la soberanía del mercado a la soberanía popular

Image and video hosting by TinyPic Claridad Carlos Rivera Lugo Desde la década del setenta del pasado siglo se dio inicio en Puerto Rico a una nueva etapa en su historia, cuyos signos vitales en gran medida fueron ignorados por unos estados de falsa conciencia ideológica entre las principales fuerzas políticas del país. En aquel entonces el líder socialista Juan Mari Brás fue quizás quien atisbó en parte las características del cambio que se vivía cuando advirtió acerca de la crisis de reestructuración por la que atravesaba la política puertorriqueña, ante la crisis de legitimidad que arropaba crecientemente al llamado Estado Libre Asociado. Incluso, Mari Brás fue capaz de comprender que dicha crisis impactaría no sólo a los dos partidos coloniales, el autonomista y el anexionista, sino que también al propio movimiento socialista e independentista. Y es que nuestra crisis de reestructuración forma parte de una crisis de reestructuración mayor. El mundo atravesaba por una serie de transformaciones que, si bien fue provocada inicialmente por la deslegitimación creciente del capitalismo, también fue progresivamente arropando al llamado socialismo real en Europa. El capitalismo maniobró nuevamente con éxito frente al nuevo reto que se le presentaba a su modelo vigente de acumulación, tanto desde el Estado social o benefactor como desde el socialismo real. Reaccionó con virulencia con la implantación del neoliberalismo, poniéndole freno, por el momento, a las aspiraciones de redistribución de la riqueza y del poder político hacia un nuevo orden económico y político internacional. Impuso la subsunción real de la vida toda a los requerimientos del capital y la reestructuración de los procesos de producción e intercambio a escala global, quebrando así la creciente influencia del movimiento obrero, del campo socialista y del llamado Tercer Mundo. Mientras el capitalismo alcanzaba desviar la mirada del mundo hacia los peligros de un mal llamado “totalitarismo comunista” y se vanagloriaba con su colapso, a su vez evitaba que se diera cuenta de cómo, con el neoliberalismo, armaba un nuevo proyecto de dominio total sobre el planeta y todos sus habitantes. Con éste, elevó a niveles nunca antes vistos no sólo la producción de riqueza, sino que también la explotación y la desigualdad. Un prominente estudioso de los efectos nefastos del neoliberalismo, David Harvey, calificó a éste como un modelo de “acumulación por desposesión”. Ante esta realidad, no tardarían en nacer las nuevas fisuras y contradicciones del sistema, provocando nuevas resistencias y contestaciones de parte de los desposeídos. Para Harvey, la reestructuración producida por el neoliberalismo llevó, por un lado, a una ampliación espectacular del poder de la clase dominante, es decir, de los sectores más económicamente privilegiados. La proverbial dictadura de clase de la burguesía se intensificó y con ello la guerra a los proletarios del mundo. Pero, este proceso de dominación ampliada transformó al proletariado mismo. Como bien advierten Antonio Negri y Michael Hardt, el proletariado pasó a ser integrado por todos aquellos cuyo trabajo es explotado directa o indirectamente por las lógicas capitalistas de producción e intercambio, desde los obreros industriales hasta los trabajadores de servicios, desde los trabajadores urbanos hasta los trabajadores rurales, desde los productores de bienes materiales y tangibles hasta los productores de bienes inmateriales e intangibles. De igual forma se repotenció la lucha de clases, con viejas y nuevas expresiones y a partir de viejos y nuevos sujetos. La resistencia y la contestación sistémica se reinscriben en términos del poder de clase y se reactivan “con alianzas de fuerzas que pueden incluir movimientos identitarios y movimientos sociales que de un modo u otro sean capaces de poner cortapisas al proyecto de la clase dominante”, puntualiza Harvey. La revolución posible está predicada en la optimización de los forcejeos de esas singularidades múltiples a partir de los cuales se construyen los nuevos ámbitos de lo común como expresión de un poder constituyente renovado. Y la política como acción partera de esta transformación multidimensional es cada vez más el arte de sumar fuerzas para su realización. La soberanía pasa a ser encarnada en todas sus ricas posibilidades en el pueblo-total, el pueblo real e históricamente concreto, el soberano popular, hasta ahora ausente bajo el modelo clásico de soberanía, de inspiración hobbesiana o lockeana, que ha imperado. Así las cosas, al cabo de tres décadas, la crisis del modelo neoliberal se ha hecho evidente y ha llevado a otro de sus críticos, el economista Giovanni Arrighi, a anunciar el fin inminente de este “paréntesis de locura”. El reconocido estudioso del sistema-mundo capitalista, Immanuel Wallerstein, quien ya pronosticó el declive y progresivo fin de este orden civilizatorio durante la primera parte del presente siglo XXI, ha asegurado que en lo inmediato, ante las profundas desilusiones que cunden por doquier frente a los evidentes desequilibrios de un mercado sin restricciones, estamos presenciando “el fallecimiento de la globalización neoliberal”. “La balanza política oscila de regreso”, opina, hacia el retorno a políticas redistributivas más enfocadas a garantizar el bienestar común. Ante ello, se hace cada día más patente que el proyecto histórico de ese nuevo universo histórico concreto que es el soberano popular no es seguir apuntalando las lógicas irracionales y perversas del capital. Desde esta perspectiva, constituye un contrasentido histórico cualquier reclamo de soberanía que no esté inscrito dentro del deseo manifiesto de ese pueblo en mandar a partir de sí mismo sobre su vida toda. La soberanía se tiene que reinscribir hoy dentro de la demanda histórica de una democracia absoluta –el gobierno de todos, por todos y para todos– a partir de la cual el soberano popular exige la concreción material de sus aspiraciones económicas, sociales, culturales y políticas para el beneficio de todos por igual. Lo antes expuesto debe servir de marco para valorar la reivindicación de soberanía recientemente enunciada por el gobernador colonial Aníbal Acevedo Vilá. Su llamado al desarrollo de un amplio “movimiento” para formular un nuevo proyecto de país, que incluya la redefinición de la relación actual de dependencia colonial con Estados Unidos, tiene que plasmarse en acciones concretas que trasciendan efectivamente la tradicional retórica electoral y sean afines a las expectativas soberanas del pueblo que desea convocar. ¿Quién va a construir ese programa de gobierno representativo del amplio “movimiento” que aspira a representar: el Partido Popular o el “movimiento”? En el pasado, el PPD se ha limitado a llamar al independentismo a votar por sus candidatos y programa, a partir del chantaje de que de no hacerlo está posibilitando de facto una victoria electoral del anexionismo. Pues, una prueba de la buena fe de la alegada nueva vocación soberanista y democrática de nuestro gobernador tiene que ser abrir los comités y procesos de deliberación del programa de gobierno, incluyendo el diseño del mecanismo de la Asamblea Constituyente, a la participación de representantes de ese “movimiento” al que pretende convocar. Más concretamente, en cuanto a su programa de gobierno, no puede, por ejemplo, pretender apelar más allá de sus filas partidarias si sigue comprometido con políticas neoliberales, como las que han tendido a prevalecer bajo su administración en total armonía con la situación general que imperó bajo las dos administraciones del anexionista Pedro Rosselló González. Si la soberanía va a tener algún sentido de pertinencia de carne y hueso para el pueblo que ha sufrido el discrimen selectivo de cada día producto de unas políticas económicas significativamente sesgadas a favor de los más ricos, tiene que ser para adoptar estrategias y políticas que potencien la capacidad productiva del país y asegure una equitativa distribución de sus frutos. En esa línea, el nuevo gobierno y su agenda tienen que integrarse conforme a lo nuevo que aspira a representar. Conforme a lo antes dicho, el Gobernador debe vetar el nuevo proyecto de incentivos industriales, dictado por los propios intereses del capital en beneficio exclusivo suyo. No se puede seguir poniendo la carga contributiva mayor sobre los hombros de los asalariados del país, es decir, de los que menos tienen. Sería un extraordinario ejemplo de apertura política que a estos propósitos el Gobernador considerase seriamente, en la alternativa, el proyecto presentado por el economista y candidato a la gobernación por el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), Dr. Edwin Irizarry Mora. En fin, si esa soberanía, tanto la política como la económica, va a ser de veras, construyámosla no desde las fuerzas del mercado sino a partir de las fuerzas del soberano popular como nuevo poder constituyente.

La Cobardía I

Image and video hosting by TinyPic El Vocero Luis Dávila Colón Hay una ley inmutable de la naturaleza que aplica tanto a la guerra, al amor como a la política: Del cobarde nunca se ha escrito nada. Sigo esta intro porque en el ahora “conservador”, “prudente” y republicanísimo Partido Nuevo Progresista, se ha propagado la idea de que hablar del status es malo y que no atajar ni enfrentar el rumbo hacia la separación antifederal que sigue Acevedo Vilá, es caer en su trampa y desenfocarse de los problemas de la economía. Ese tímido pensamiento, es precisamente el que siguió Luis Fortuño la semana pasada al quitarle el guante de la cara al PPD. Sus principales asesores le aconsejaron que no se puede ofender a los populares y que hablar de la polarización que quiere provocar AAV, le resta votos. Fortuño lo compró. A este servidor lo despacharon como un “status junkie” por haber denunciado el nuevo giro Popular. Allí no pasó nada, me dijeron. Nada distinto a lo de siempre, insistieron. Sí, soy “status junkie”, y qué. Por eso soy estadista, anticolonialista y combatiente de derechos civiles. ¿Acaso existe alguna otra razón para serlo? Pensé, por un momento, que estaba oyendo “visiones”, porque la última vez que cotejé, el PNP era un partido ideológico, hecho para avanzar la unión, detener el separatismo y el totalitarismo, combatir la dictadura y traer verdadero progreso. Lo que me imagino, habrá convertido en “status junkies” a sus fundadores y ni hablemos de sus próceres como Barbosa, Martínez Nadal, Miguel Angel García Méndez y Luis Ferré. Todos, por cierto, atrevidos y revolucionariamente republicanos, por derecho propio. Los que postulan la tesis del inmovilismo, no tienen conocimiento de la historia ni entienden de lo que se trata este juego. Para ellos, los electoralismos y el ganar para administrar la colonia, parece ser mucho mas importante que revolucionar el país y dar un salto electoral cualitativo y cuantitativo que convierta el PNP en partido mayoritario de masas y facilite la revolución descolonizadora. Vamos a empezar por tres realidades esenciales y luego sacamos los datos empíricos. 1) El PNP lleva 41 años tratando de administrar la colonia. En esa vaina se le han ido millones y dos generaciones. El ELA ha probado ser inservible e ingobernable. En eso hay unanimidad en el país. Sin embargo, en ese medio siglo el PNP no ha avanzado la estadidad un carajo. Desde el 1968 sólo ha logrado elegir gobernador en 5 de 10 elecciónes, ha obtenido control de la Legislatura sólo en 3 de 10, no ha podido romper el monopolio judicial rojo, ha perdido dos plebiscitos con la estadidad atascada en 46%, siempre nos ha dicho que el status no está en “issue” y cuando lo ganan al cabo de dos términos, la dictadura y la Prensa siempre logran desahuciarlos del poder. En las últimas dos ocasiones que lo sacaron del gobierno, el PNP ha estado prácticamente una década sin poder. En esos 41 años el PNP, aún administrando, nunca ha dejado de ser minoría. Y por cierto, en 41 años de administrar la colonia, los electoralismos casi siempre prevalecieron sobre la ideología. 2) El PNP ha promediado entre un 46% y un 49% de los votos en las elecciones de las últimas dos décadas. Pero más crítico aún, no todos los que votan PNP son estadistas, aunque sí pro unión permanente y pro americanos. Si tomamos los números que la estadidad obtuvo en los plebiscitos del 93 (785,859 votos) y 98 (728,057 votos), la estadidad nunca pasó de 46% y durante el reinado de Pedro Rosselló, cuando estaban muy ocupados cumpliendo promesas y mejorando la colonia, en un período de 5 años la causa de integración perdió 50,000 votos plebiscitarios. Lo que quiere decir, que si tomamos los 953,000 votos de Rosselló en las elecciones del 2004 y le restamos los 728,057 del plebiscito del 98, una de cada cuatro personas que vota PNP no es necesariamente estadista, aunque puedan simpatizar con los conceptos de unión permanente. O sea, tal como ha estado concebido y estructurado el PNP durante su vida inútil, su liderato no ha hecho otra cosa que chupar, usufructuar y administrar la colonia. Se conforman en las elecciones con obtener votos prestados y no electores firmemente convencidos de que en la unión y la integración está la seguridad, el progreso y la fuerza. Por ende, siempre dependen para ganar de votos periferales, pegaos por conveniencias y no por convicciones firmes. Dicho esto, usted pensará que los timoratos republicanos tienen la razón. Y ése precisamente es el entrampamiento. El pensar que se diseñan las estrategias para ganar elecciones, administrar la colonia y luego perder -porque el sistema está hecho para que las minorías no puedan cambiarlo- y nunca se hace campaña para acabar con dictaduras, armar mayorías abrumadoras, romper montes, hacer revoluciones, descolonizar y pulverizar los tentáculos económicos y jurídicos del andamiaje colonial. Ese fue el flautista de Hamelín que sedujo y redujo a la impotencia a figuras tan fuertes como Romero y Rosselló. Fortuño va en vías de seguir el mismo fantasma. 3) Por otro lado, si algo demuestra la simetría de la historia electoral e ideológica, es que el PNP y la estadidad siempre han crecido a costa de los excesos soberanistas y nacionalistas de un Partido Popular que se ha sentido obligado a tirar hacia la izquierda, hacia el antiamericanismo, hacia la separación y hacia la soberanía y en el proceso ha sido criadero de votos progresistas. Hoy, sin los votos del PIP, el PPD no gana. Esa es la oportunidad. Voy con datos. En el año 64 los estadistas bajo el PER eran 284,627. Entre el 60 y el 67 el Partido Popular se puso a trastear con el status, calentaron sus ideas separatistas con la Comisión de Status, hablaron de la culminación de un ELA soberano, se jugaron la baraja de un plebiscito en el 67 que produjo un salto cualitativo y cuantitativo con una estadidad que sorprendía con el 39% de los votos (de 12% que había obtenido en las elecciones del 52). El traqueteo de los populares con un Sánchez Vilella que los empujaba hacia la libre asociación y la división del PPD, logró que en el 68 el nuevo PNP obtuviera 390,623 votos o una ganancia de 106,000 votos más que en el plebiscito del año anterior. La brecha que en el 60 era de 2-1 del estadolibrismo sobre la estadidad, se había cortado a 5-4, precisamente porque Ferré fundó el PNP para avanzar la estadidad y jugó una estrategia ideológica y no electorera. Ferré no esperaba ganar tan temprano. Aunque señaló que el status no estaba en “issue”, sí enfatizó que Puerto Rico no aguantaba más y que “esto tiene que cambiar”. Ferré corrió con la “unión permanente”, con “estadidad, seguridad y progreso” y sentó la pauta que después ningún otro candidato del PNP siguió. Una vez probado el poder, lo importante sería ganar elecciones cogiendo votos prestados de donde único podían crecer, de las sobras ideológicas del Partido Popular. Continuará para beneficio de los timoratos y de los analfabetas ideológicos...