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jueves, 14 de agosto de 2008

Habrá 3 escenarios en el 2009

Image and video hosting by TinyPic Juan Manuel García Passalacqua Una encuesta hecha pública el 31 de julio dijo que 65,000 electores populares han transitado a no-afiliados en los últimos doce meses, como yo les había adelantado el 5 de junio en EL VOCERO. Por eso, el PNP predijo el 3 de agosto que ganaría la Gobernación, el Comisionado Residente, la Cámara, el Senado, y 60 de los 78 municipios de Puerto Rico. Encuestas en que confío predicen lo siguiente: PNP-57%, PPD-40%, PIP-3%, y nada más. Si Rosselló ayuda a Aníbal con su nominación directa, la misma encuesta predice: PNP-43%, PPD-40%, Rosselló-14%, PIP-3%. Si Aníbal es ayudado así por Rosselló, proyectan un triunfo PNP —por 60,000 votos. El futuro está aquí. Los dos escenarios encuestados iniciarían el 2 de enero de 2009 una Era Anexionista. El 110mo. Congreso de los Estados Unidos fue, sobre Puerto Rico, el desentendido. Ya les expliqué en EL VOCERO el 28 de junio de 2008 (en la más importante columna que he escrito) como la Casa Blanca, el Tribunal Supremo y los asesores técnicos de su Congreso —las tres ramas estadounidenses— han coincidido en que Puerto Rico fue siempre y sigue siendo “un territorio no incorporado sujeto a los poderes plenarios de su Congreso”. Sin embargo, la presidenta de la Cámara de Representantes de ellos Nancy Pelosi mató el proyecto de ley descolonizador (“desterritorializador” le llaman ahora los abogados de allá) recomendado unánimemente por el Comité de Recursos Naturales con jurisdicción sobre Puerto Rico. Nancy Pelosi lo mató a petición del mismo ser que había vetado el 10 de abril de 2005 el proyecto “desterritorializador” que había aprobado 70 a 0 por unanimidad de nuestros tres partidos nuestra Asamblea Legislativa. La historia fijará la responsabilidad solamente donde corresponde. Se llama Aníbal Acevedo Vilá. El Congreso de ellos recesó hasta mediados de septiembre sin considerar el proyecto desterritorializador Serrano-Fortuño, ni el proyecto desterritorializador del senador Ken Salazar de Colorado, ni el proyecto desterritorializador Gutiérrez-Velázquez. Ninguno de los tres. El Congreso no le hizo caso a sus propios asesores del Congressional Research Service, ni a la Casa Blanca con su Informe del 2005, ni al Tribunal Supremo que decidió en Bourmediene v. Bush que el caso de Balzac v. Porto Rico, que santificó el territorio no-incorporado, sigue vigente en este siglo XXI. ¿Por qué lo hizo Pelosi? Ha dicho que se opuso a petición de –Aníbal Acevedo Vilá. En el primer escenario de un copo PNP, el programa de gobierno entrante dice que ya decidió una de las dos maneras de tratar de obtener la admisión como el estado 51 de los Estados Unidos de América. No es el Plan Tenesí en que la Asamblea Legislativa se autoproclamaría estado de la Unión y elegiría 2 senadores y 7 representantes y los enviaría a Washington con fondos públicos a cabildear por la admisión, pues interpretarían el resultado de las elecciones con una supermayoría como un mandato hacia la estadidad. Pero no, dice el PNP que su plan alterno es que volverían a las urnas en un plebiscito mandado por el Congreso a buscar que el voto anti-Aníbal haya sido en realidad un voto en tránsito ideológico convertido en un voto a favor de la estadidad. Ese fue el error que cometió dos veces Pedro Rosselló, fallando las dos veces. Error. El segundo escenario es si Rosselló ayuda a Aníbal con su candidatura de nominación directa para derrotar a Luis Fortuño. Aunque no lo consiga, los eventos serán otros pues no habrá supermayoría estadista, sino un triunfo pequeño de 60,000 votos, sin claro mandato anexionista. Nadie en Washington le va a hacer caso a una estadidad que ha triunfado por tan poco. Si es así, el día después de las elecciones habrá dos partidos estadistas en Puerto Rico: uno Republicano Fortuñista y otro naciente Demócrata Rossellista con otros dos: un Partido Popular Soberanista y otro Partido Independentista (el de siempre). Un berenjenal boricua por cuatro años más. Allá, el Congreso Demócrata no desea atender el status de Puerto Rico. Acá, se ha derrumbado la metáfora de Luis Muñoz Marín del ELA y aparece la Soberanía en Asociación. Confrontado con la realidad de la colonia militar a partir de 1941, Muñoz optó por hacer de aquel limón una limonada. El hombre que había convertido su poesía en política convirtió nuestra política en poesía con la metáfora del Estado Libre Asociado. Me dijo que era sencillamente una metáfora y me lo dijo a mí más de una vez. Esa metáfora murió con el Informe del Congressional Research Service del 6 de junio de 2005, con el Informe de Casa Blanca del 22 de diciembre de 2005 y otro del 2007, y con el caso de Boumediene v. Bush del 2008. Aprendan que la Esfinge imperial ha hablado al fin con una sola voz sobre Puerto Rico. Murió la metáfora. Ok, pues entonces debemos encaminarnos ambos (para usar la palabra de ellos) a la “desterritorialización”. ¿A cuál? Eso lo decidirán los votantes el próximo 4 de noviembre, allá y aquí. Si gana allá Barack Obama ¿se hará posible para los Demócratas endosar un Estado Hispano? Si gana acá Pedro Pierluisi (quien lo apoyó aquí) tendrá acceso para favorecer esa opción. Simple. La culpa del triunfo anexionista (sea por copo o mayoría simple) se la tratará de echar todo el mundo a una inocente, la República Asociada. Que habrá enterrado solito al defenderla Aníbal Acevedo Vilá, reducida por él a pocos votos. No los voy a cansar otra vez con la historia de lo que ahora los populares llaman la Soberanía en Asociación. El mensaje (en lo que a Muñoz y yo respecta) ha sido bueno desde 1958, hace exactamente medio siglo pero el mensajero será el peor que se pudo haber escogido por un liderato popular y autonomista cobarde, un hombre acusado criminalmente de diecinueve cargos por los Estados Unidos de América. Maldito sea el matador. Propuse en carta oficial al senador Ken Salazar desde el 4 de agosto de 2007 (y al “staff” A. Stayman y R. Stanton) otra cosa. Que “desterritorialicen” ellos y “dispongan del territorio” el 23 de septiembre de 2010. Luego, venga el Plebiscito, el Plan Tenesí, la Asamblea Constitucional, o lo que sea. Ante cualquiera de los dos triunfos (súper o pequeño) del anexionismo el 4 de noviembre, he dicho y repetiré: “El muerto no lo cargo yo, que lo cargue el que lo mató”.

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