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viernes, 16 de julio de 2010

A PUERTO RICAN OPTION FOR GOP/ Una opción puertorriqueña para los Republicanos

GEORGE F. WILL Washington Post Writers Group A Republican governor -- a very Republican governor -- has an idea for solving one of his party's conundrums. The party should listen to Luis Fortuno, the Reaganite who resides in Puerto Rico's executive mansion. Conservatives need a strategy for addressing the immigration issue without alienating America's largest and most rapidly growing minority. Conservatives believe the southern border must be secured before there can be "comprehensive" immigration reform that resolves the status of the 11 million illegal immigrants. But this policy risks making Republicans seem hostile to Hispanics. Fortuno wants Republicans to couple insistence on border enforcement with support for Puerto Rican statehood. This, he says, would resonate deeply among Hispanics nationwide. His premise is that many factors -- particularly, the Telemundo and Univision television channels -- have created a common consciousness among Hispanics in America. How many know that Puerto Ricans are American citizens? That every president since Truman has affirmed Puerto Rico's right to opt for independence or statehood? That every Republican platform since 1968 has endorsed Puerto Rico's right to choose statehood? That Ronald Reagan, announcing his candidacy in 1979, said, "I favor statehood for Puerto Rico"? Fortuno supports H.R. 2499 (also supported by such House conservatives as Minority Whip Eric Cantor, Republican Conference Chairman Mike Pence and former Republican Study Committee Chairman Jeb Hensarling), which would conduct a plebiscite on the island's current status. If a majority favor this status, the question could be asked again in eight years. If a majority vote for change, a second plebiscite would offer a choice among the current status, independence, "sovereignty in association with the United States," and statehood. Puerto Rico, which is only half as far from Florida as Hawaii is from California, is about the size of Connecticut. Its population is larger than the populations of 24 states. There are, however, problems. Puerto Rico's per capita income ($14,905) is only 50 percent of that of the poorest state (Mississippi, $30,103) and 27 percent of the richest (Connecticut, $54,397). The fact that Puerto Ricans are at home in American society does not entail the conclusion that the commonwealth, a distinct cultural and linguistic entity (most on the island do not speak English), belongs in the federal union. Currently Puerto Ricans pay federal income taxes only on income from off the island. Fortuno says the present system has failed to prevent the income disparity with the mainland from widening. But America does not want lukewarm citizens. In three referendums (1967, 1993, 1998), Puerto Ricans favored the status quo -- an unincorporated territory -- over statehood. In 1998, the vote was 50.4 percent to 46.5 percent. In the 1950s, the last time the federal union was enlarged, Hawaiians and Alaskans overwhelmingly supported statehood. Many Republicans suspect that congressional Democrats support statehood for the same reason they want to pretend that the District of Columbia is a state -- to get two more senators (and in Puerto Rico's case, perhaps six members of Congress). Such Republicans mistakenly assume that the island's population of 4 million has the same Democratic disposition as the 4.2 million Puerto Ricans in the Bronx and elsewhere on the mainland. Fortuno disagrees, noting that while Republicans on the mainland were losing in 2008, he was elected in the island's biggest landslide in 44 years. The party he leads won more than two-thirds of the seats in both houses of the legislature, and three-fifths of the mayorships, including that of San Juan. Fortuno, who calls himself a "values candidate" and goes to Catholic services almost every day, says Puerto Ricans are culturally conservative -- 78 percent are pro-life, 91 percent oppose same-sex marriage, 30 percent of the 85 percent who are Christian are evangelicals. A majority supports his agenda, which includes tax and spending cuts, trimming 16,000 from public payrolls to begin eliminating the deficit that was 45 percent the size of the budget. Fortuno, 49, who has degrees from Georgetown University's School of Foreign Service and the University of Virginia's law school, looks half his age. "Republicans," he says, "cannot continue to oppose every Hispanic issue." If he is correct that Puerto Rican statehood is, or can become, such an issue, Republicans should hear him out. The United States acquired Puerto Rico 112 years ago in the testosterone spill called the Spanish-American War. Before another century passes, perhaps Puerto Ricans' ambivalence about their somewhat ambiguous status can be rectified to the advantage of Republicans. ----------------------------------------------------------------------- Por George Will Un gobernador Republicano - muy Republicano - tiene una idea para resolver uno de los enigmas de su formación. El partido debe escuchar a Luis Fortuño, el inquilino Reaganista de la residencia oficial de Puerto Rico. Los conservadores necesitan una estrategia para abordar el tema de la inmigración sin alienar a la minoría más grande y de mayor crecimiento de los Estados Unidos. Los conservadores están seguros de que la integridad de la frontera sur debe de estar garantizada antes de que pueda haber una reforma "integral" de la inmigración que regularice la situación de los 11 millones de inmigrantes en situación irregular. Pero esta política corre el peligro de hacer que los Republicanos parezcan hostiles a los hispanos. Fortuño quiere que los Republicanos acompañen el hincapié que hacen en la vigilancia de fronteras del apoyo a la condición puertorriqueña de estado. Esto, dice él, tendría un profundo impacto entre los hispanos de todo el país. Su premisa es que muchos factores - en particular los canales de Telemundo y Univisión - han creado una conciencia común entre los hispanos de América. ¿Cuántos saben que los puertorriqueños son ciudadanos estadounidenses? ¿Que todos los presidentes desde Truman han respaldado el derecho de Puerto Rico a optar por la independencia o la estado? ¿Que toda plataforma Republicana desde 1968 ha apoyado el derecho de Puerto Rico a elegir acogerse a la condición de estado? ¿Que Ronald Reagan, al anunciar su candidatura en 1979, dijo: "soy partidario de la declaración de estado de Puerto Rico"? Fortuño es partidario de la H.R. 2499 (también apoyada por legisladores conservadores tales como el coordinador de la oposición en la Cámara Eric Cantor, el presidente de la Conferencia Republicana Mike Pence o el ex presidente del Comité Republicano de Estudio Jeb Hensarling), que dispone la celebración de un plebiscito de la condición actual de la isla. Si la mayoría se decanta por esta posición, la pregunta vuelve a plantearse en ocho años. Si una mayoría vota al cambio, un segundo plebiscito ofrecerá una elección entre la situación actual, la independencia, "la soberanía en libre asociación con los Estados Unidos", y la declaración de estado. Puerto Rico, que está a la mitad de distancia de Florida que Hawái de California, tiene el tamaño de Connecticut. Su población es mayor que las poblaciones de 24 estados. Hay, no obstante, problemas. La renta per cápita de Puerto Rico (14,905 dólares) es sólo el 50 por ciento de la renta del estado más pobre (Mississippi, 30,103 dólares) y el 27 por ciento de la del más rico (Connecticut, 54,397 dólares). El hecho de que los puertorriqueños se sientan entre la sociedad estadounidense como en casa no conlleva la conclusión de que la commonwealth, una unidad política asociada cultural y lingüística específica (la mayoría de la población de la isla no habla inglés), pertenezca a la unión. Actualmente los puertorriqueños pagan los impuestos sobre la renta en forma de retenciones de nóminas exteriores a la isla solamente. Fortuño dice que el sistema actual no ha logrado impedir que crezca la disparidad de las rentas con respecto al continente. Pero América no quiere ciudadanos poco entusiastas. En tres referendos (1967, 1993, 1998), los puertorriqueños optaron por el estatus quo - territorio libre asociado - en lugar de la condición de estado. En 1998, el resultado fue del 50.4 por ciento frente al 46.5 por ciento. En los años 50, la última vez que se amplió la unión, las poblaciones de Hawái y Alaska apoyaron de forma masiva la condición de estado. Muchos Republicanos sospechan que los Demócratas del Congreso son partidarios del estado por la misma razón que quieren simular que el Distrito de Columbia es un estado - para obtener dos senadores más (y en el caso de Puerto Rico, tal vez seis legisladores). Estos Republicanos dan erróneamente por sentado que los 4 millones de habitantes de la isla tienen la misma orientación Demócrata que los 4.2 millones de puertorriqueños del Bronx y el resto del territorio nacional. Fortuño discrepa, señalando que mientras los Republicanos del continente perdían en 2008, él salió elegido con el mayor margen registrado en la isla en 44 años. El partido que lidera se alzó con más de los dos tercios de los escaños en ambas cámaras de la Legislatura, y tres quintas partes de los consistorios, incluyendo el de San Juan. Fortuño, que se declara "un candidato de valores" y asiste al oficio católico casi a diario, dice que los puertorriqueños son culturalmente conservadores - 78 por ciento contrarios al aborto, 91 por ciento contrarios al matrimonio homosexual, el 30 por ciento del 85 por ciento cristiano son evangélicos. La mayoría apoya su programa, que incluye bajadas tributarias y recortes del gasto, y eliminar 16,000 funcionarios de la nómina del estado para empezar a extinguir el déficit, del 45 por ciento del presupuesto. Fortuño, de 49 años, que tiene licenciaturas por la Escuela Diplomática de la Universidad de Georgetown y la Facultad de Derecho de la Universidad de Virginia, aparenta la mitad de la edad que tiene. "Los Republicanos", dice, "no pueden seguir oponiéndose a todos los temas hispanos". Si tiene razón en que la condición puertorriqueña de estado es, o puede convertirse, en cuestión tan relevante, los Republicanos deberían escucharle. Estados Unidos se hizo con Puerto Rico hace 112 años en medio del disparate de testosterona que nosotros llamamos Guerra Hispano-Estadounidense. Antes de que transcurra otro siglo, puede que la ambivalencia de los puertorriqueños con su situación un tanto ambigua pueda rectificarse para ventaja de los Republicanos.

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